Año 1926

 

El propósito de los responsables era organizar la semana automovilística más importante de la historia de las carreras en Europa.

Se realizaron más obras de mejora en el circuito y se inaugura la variante de Hernani, lo que reduce por última vez el perímetro, quedando definitivamente en 17.315 metros.

Aumentaron las medidas de seguridad vallando el circuito con cañaveras y las de auxilio con cuatro hospitales, 6 puestos de socorro y una camilla cada 700 metros. Además, para conectar con la tribuna de comisarios se instalan 25 teléfonos en el recorrido.

Supuso un gran esfuerzo, pero la prensa pudo contar allí mismo con aparatos telegráficos para comunicar con Bilbao, Madrid y Burdeos.

Se destinan 250.000 pesetas a premios, cantidad desmesurada en este deporte.

Se establece un programa de actos jamás conocido en la historia de la ciudad. Caravanas automovilistas desde Lisboa y Barcelona a San Sebastián, festejos taurinos, banquetes para la prensa y pilotos, etc.

Por parte de la organización todo estaba preparado. Pero hubo dos aspectos que ensombrecieron el éxito de la Gran Semana. Por un lado, a finales de junio se desata una importante crisis en el gobierno francés provocando la caída del franco. Esto resta la presencia de muchos pilotos, así como de los numerosos aficionados del país vecino. Por otro lado, la A.I.A.C.R. (hoy la FIA) limitó a 1.500 cc la cilindrada para el Gran Premio de Europa, siendo Bugatti y Delage las únicas marcas que lograron construir bólidos a tiempo para la carrera.

A pesar de todo, la prensa volvió a elogiar la perfecta semana automovilista donostiarra.