Año 1935

Con la experiencia de muchas ediciones, el Circuito de Lasarte se consolida en la etapa de la república como uno de los más importantes de Europa y del mundo. Y el Automóvil Club no quiere correr riesgos como en otros años en el apartado de ayudas oficiales, dejándolo resuelto dos meses antes de la carrera, con el apoyo del Ministerio de Obras Públicas, el Patronato de Turismo, Diputación de Gipuzkoa y el ayuntamiento de San Sebastián, a pesar de la reiterada negativa de algunos ediles.

Ganar en Lasarte se había convertido en un triunfo imprescindible para el palmarés de marcas y pilotos. Por lo tanto, los mejores “racers” con sus “drivers” más arriesgados y carismáticos estaban asegurados.

La carrera en sí, más la participación esperada produjeron un interés inusitado tanto en los aficionados locales como nacionales y extranjeros. Un cronista de la época definía el ambiente con estas palabras: “las carreras de automóviles son algo que no pueden faltar en el soberbio programa veraniego de San Sebastián. Todo el mundo, grandes y chicos, ricos y pobres se trasladan a las laderas del circuito a gozar del espléndido panorama deportivo. Nadie queda en la ciudad, y es natural: ¡día de circuito, de bota de vino, tortilla y filetes empanados!”.

El Comisión Deportiva estableció rigurosas medidas de circulación para organizar a las gentes que se desplazaron en trenes, tranvías, autocares, automóviles, taxis, motocicletas, bicicletas y “demás trastos de veloz rodaje”. Los caminos de acceso por monte eran verdaderos ríos humanos.

Se calculan 150.000 aficionados y 20.000 autos aparcados en los más de 17 km de cuerda del circuito.

Sirva de referencia que se vendieron el domingo 21.819 billetes entre Vitoria e Irún llenando 59 trenes.

Hasta la pista de aterrizaje en el campo de aviación del hipódromo sirvió de aparcamiento de coches, por lo que se prohibieron los vuelos ese día.

La prensa reclama con mayor fuerza la creación del circuito permanente de Lasarte porque las carreras han demostrado ser el mayor acontecimiento popular, turístico y comercial al dar más vida a la industria del automóvil (venta de vehículos, seguros, carburantes, aceites, talleres, etc.)

El primero en responder a la llamada sería Diputación que, días más tardes, a través del Jede de Caminos, Ramón Pagola, citó a Maquíbar, secretario del Automóvil Club, iniciando los preparativos del primer proyecto de circuito permanente.