Fotos 1935

Foto1

El jurado calificador del primer concurso de carteles dicta su fallo concediendo 750 pesetas al cartel que lleva por título "Dardo" y cuyos autores, Máximo Viejo y Javier Gómez, representan la testa de un corredor y la bahía de La Concha vista desde el monte Ulia

Foto2

Mayor demostración de la confianza de Auto Union, imposible. Ferdinan Porsche durante una entrevista en los prolegómenos de la carrera junto a Rosemeyer, más conocido como "el enamorado de la muerte" por su audacia a la hora de encarar las curvas, echando una cabezada sobre los sacos de cemento de la trinchera de tribunas

Foto3

Tres veteranos, tres campeones, tres nacionalidades, tres pilotos que representan a marcas distintas en busca del poderío constructor. El galo Chiron, el germano Caracciola y el trasalpino Varzi comprueban los tiempos realizados en los entrenamientos

Foto4

Fotógrafos y cameramans de cine campan a sus anchas acompañando a los drivers hasta la tribuna de autoridades. Se vaticina una gran carrera. Algunos claros en el cielo, una temperatura suave, ideal para los motores, y ciento cincuenta mil almas vibrando de emoción. Un día perfecto en el que San Sebastián dará la vuelta al mundo

Foto5

Excitante parada militar de la artillería germana destacando, ante todo, su fantástica organización. Tanto Mercedes Benz como Auto Union llevan sus equipos como un solo hombre. Un verdadero alarde de disciplina en ambas marcas rivales

Foto6

Nuevo fracaso de la scuadra Ferrari. Un problema en los amortiguadores le impide lucirse a Nivola. Ni siquiera puede reventar el motor para dar la nota sensacionalista que todos esperaban. Nuvolari muere de la peor manera que se podía imaginar: apagándose silenciosamente, lentamente. Ante un posible ridículo, mecánicos y piloto eluden la reparación del bólido

Foto7

Los aires de Lasarte le son propicios a Mercedes Benz. En el ‘34 alineó dos bólidos copando los dos primeros lugares. Un año más tardes presenta tres racers y repite la hazaña. La marca de Stuttgart-Untertürkheim no conocía otro triplete desde aquella memorable victoria en el Gran Premio de Francia de 1914, después de la Gran Guerra

Foto8

¿Existe tope en la conquista de la velocidad y el arrojo de los hombres? Varzi lo pone en duda. Sanado parcialmente de su lesión ocular busca y encuentra la gloria rebajando los seis minutos en la décima vuelta, promediando a 173,8 km/h